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  PRINCIPAL  : Miércoles, 6 Abril, 2011 8:49 AM :  
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  VIDA  
   

 

 

La Madre Lucía del Niño Jesús y de la Santa Faz, en el siglo, Mireya Asunta Escalante Innecco. Nace bajo el ardiente sol del llano en el Apure, inmensa planicie que invita a la amplitud del corazón, radiante sol que no deja que lo miremos de frente pero ilumina todo el horizonte, y el todo, enmarcado en la ciudad de San Fernando de Apure.
Los hermanos Escalante Innecco fueron cuatro, dos hembras (Mireya e Ibiza) y dos varones (Miguel y Aecio). Mireya Asunta es la primogénita, inmejorable amiga de su propia madre desde su más temprana infancia. Alguna vez, dialogaba con su Madre, y le formuló la siguiente confidencia: “¿existirá un hombre en esta tierra que me quiera toda la vida?”. La mamá le respondió: “ah hija, eso, solamente Dios…”; Mireya, decidida contestó: “pues entonces, me quedo con Dios.”
Su Padre Don Miguel Escalante, hombre de palabra, como legítimo andino, procedente de Tovar, Edo Mérida. “Era una enciclopedia” decía su hija que, muchas veces afirmó desear haber heredado un poquito de la brillantez de su padre. No tenía estudios superiores pero fue juez durante muchos años en San Fernando debido a su honestidad, rectitud y amplios conocimientos de leyes.
Su Madre Carolina Innecco Mirabal, nace en San Fernando de Apure, (Edo. Apure). Llanera de recio temple, de incalculable bondad, sabia con el saber de una experiencia iluminada por el amor y la esperanza, parece bien descrita por el decir de su esposo, cuando después de muerta, le repetirá a Mireya: “tu madre fue un meteoro que cruzó el cielo un sola vez .
Mireya fue una niña como todas, alegre, traviesa, juguetona, tenía momentos especiales de infantil reflexión o simple ensueño, cuando, como le contaba a su aya, mamá Pancha, que un niño muy lindo y chiquito venía a jugar con ella. La misma Madre contaba a sus monjas cómo empezó a soñar con una monjita que le mostraba libros y la instruía. La mamá insistió en que peguntara quién era la monjita. Nunca explicó la Madre cómo lo averiguó, pero pronto estuvo segura de que era Santa Teresita del Niño Jesús, su libro “Historia de un alma” la cautivó y sintió afecto, admiración y devoción a la Santa de Lisieux. Devoción que la llevará a pensar y querer ser como la Santa, ingresar al convento y llegar a ser monjita.
Mireya estudió medicina. Empezó estos estudios en la Universidad de los Andes y los concluyó en la Central. Cursó todos los estudios correspondientes, aprobándolos muy bien pero, no presentó los exámenes del último año, cursó hasta el quinto año de Medicina.
Podemos concluir que lo capital de esta etapa de estudios superiores estuvo constituida por una interrogante que no es otra que su vocación.
     
  CARMELITA        

 

 

Mireya ingresa al convento de Cristo Rey y María Mediadora en Chile el día lunes 9 de abril de 1945, la fecha coincidió con la de Teresita de Lisieux.
El nueve de octubre del mismo año, toma el hábito y recibe el nombre de Lucía del Niño Jesús y de la Santa Faz. “Lucía” evoca el nombre de la madre de Santa Teresa de los Andes, doña Lucía Solar de Fernández con quien el Monasterio estaba muy vinculado. “Del Niño Jesús y de la Santa Faz” se deben a la devoción de Mireya por el Niño Dios, devoción de su infancia, y, a un cálido recuerdo de la Santa de Lisieux.
En el convento se caracterizó por su dedicación a dar gusto a su Amado mediante la aceptación fiel de cuanto decían sus superiores. Nunca se quejó, pero le costó bastante adaptarse a las temperaturas frías y a la alimentación de la zona templada. Siempre añoró la presencia de los suyos y continuamente los encomendó al Señor a la vez que ofrecía a Jesús el dolor de esa renuncia.
Concluido el Noviciado, con la aprobación de las superioras, especialmente de la Maestra de Novicias, hace la profesión de votos simples: por tres años, se compromete oficialmente con la Comunidad y a través de ella, con la Iglesia, y contrae los deberes y derechos inherentes a su nuevo estado, de persona consagrada. La Hna. Lucía emitió esos votos el 10 de octubre de 1946.
El 10 de octubre de 1949 pronuncia los votos solemnes y cinco días después toma el velo negro, una solemne ceremonia propia del Carmelo.
Cuatro años más tarde, Doña Carolina Innecco de Escalante, madre de la Hna. Lucía enferma de gravedad. “Mi mamá estando para ir a verme, cayó enferma con un cáncer galopante. Pidieron permiso para que fuera pero sin hábito. Mi mamá se iba a morir y yo en ese aprieto. Me dijo la superiora que me pusiera ante el Santísimo Yo no podía con tanto sufrimiento, sentía que las piernas se me doblaban. “Señor, a cómo sea, no te voy a dejar, me quedo contigo”. Y sentí clarito que así como a Abrahán, me prometía un céntuplo más allá”.
Profesa de votos solemnes, ofreció a Jesús su dolor, suplicándole por todos los suyos y Dios que nunca se deja ganar en generosidad, permitió que sor Lucía superara esta prueba tan amarga con serenidad admirable cuando, unos días después, se recibió un cablegrama que anunciaba la muerte de Doña Carolina. Apoyada en su fe, la Hna. Lucía vivió este paso de la esperanza cristiana con todo el dolor de hija y el amor de cristiana.
     
  FUNDADORA        

 

 

La Madre Lucía comenzó la restauración del Carmelo en Venezuela a los 37 años de vida y 10 en el Carmelo, con el Monasterio de Nuestra Señora del Carmen y San José fundado el 21 de abril 1956 día que se bendijo la casa y se puso la clausura papal, en Los Chorros, Caracas. Las fundadoras fueron: del Monasterio de Teruel: Pilar de Jesús Crucificado (Sastrón), María Asunción de la Santísima Trinidad (Pedelló), María Carmen del Corazón de Jesús (Bonet), María Amparo de San Juan de la Cruz (Hernández), Procedentes del Monasterio de San José de Valencia: Josefina de la Transverberación (Palau), María Teresa de Cristo Rey (Delago), María Carmen de la Sagrada Familia (Palau), Procedentes del Monasterio de Godella: María Luisa de San Juan de la Cruz (Torres), María Dolores de San José (García), María Paz del Espíritu Santo (Gallén), Procedente del Monasterio de Cristo Rey y María Mediadora de Santiago (Chile): Lucía del Niño Jesús y de la Santa Faz (Escalante Innecco).
En julio de 1991 se inauguró solemnemente el Monasterio del Sagrado Corazón de Jesús en San Pedro de los Altos, trasladado después al Alto Escuque en Trujillo.
Las fundadoras vinieron de Los Chorros, de La Estrella, Colombia, de Lerma, España, y de Sibundoy, Colombia.. El decreto Prot. N. 03934 / 64.
El 27 de marzo de 1977 inauguró otro “palomar” en una casa adaptada para convento provisional, en San Cristóbal, Estado Táchira. Las fundadoras fueron todas del Monasterio de San Pedro de los Altos.
El 02 de Septiembre de 1989 funda otro convento en la ciudad de Rubio, en el mismo Estado Táchira, cuyas monjas fundadoras vinieron todas del Monasterio de San Cristóbal.
En Abril del año 1995 inaugura otro Monasterio en La Guaira, trasladado a Chirgüa en el Estado Carabobo luego de la tragedia de Vargas que afortunadamente no afectó la vida de ninguna hermana. La fundadoras fueron procedentes del Monasterio de Rubio y de San Cristóbal.
Según el decreto canónico correspondiente, el 6 de diciembre del 2003 la Madre Lucía realizó su última fundación en Monterrey, México con hermanas del Monasterio de Rubio y de San Cristóbal.
A partir del año 1996 la Madre Lucía comienza a enviar monjas a reforzar conventos en España, estos son: Amposta Tarragona (4), Lugo, Galicia (3), Córdoba, Andalucía (3), Ecija, Sevilla (1), Lucena, Córdoba (2).
 
   
  ATARDECER        

 

Una vida plena de actividad y con apreciables resultados va llegando a la hora del atardecer. Nunca me he detenido a escoger entre la hermosura de las promesas que brinda un brillante amanecer y la cuajada realidad que puede significar un ocaso que entre luces multicolores va anunciando un final. La Madre Lucía del Niño Jesús y de la Santa Faz consagró a la Iglesia del Táchira, los veintiséis años finales de su vida carmelitana. Por cuarta vez fundadora, M. Lucía, ahora cariñosamente llamada por sus hermanas, “Nuestra Madre”, reside en el Monasterio de “Santa María de la Consolación de la Montaña”, entre Rubio y Bramón. Una casa de campo, suficientemente amplia, concluida y adaptada con conocimiento y buen gusto, aloja una comunidad que se consolida y tiende a crecer.
La salud de la Madre Lucía fue más bien débil. Una enfermedad que los documentos no determinan casi la aleja del Carmelo en los años de su primera formación. La reposición de ese entonces marcó huella en la resolución con que emprendió el quehacer de la restauración. Para el final de sus días, se encuentra aquejada, según los diagnósticos médicos de por lo menos, de diabetes, problemas de tensión arterial y cáncer al pulmón.
El 4 de septiembre, dentro de su gravedad, amaneció mejor. Pudo hablar y hasta recordar a una Hermana la manera de tocar las campanas para anunciar su partida. También dijo esa mañana: “Anhelo ver a Jesusín”. Y dirigiéndose a la Supriora, “Sólo me falta un impulso para salir”. La tensión empezó a bajar sensiblemente. Se llamó al médico que presuroso vino a atenderla. Hacia las cuatro de la tarde, mientras le daban un masaje a la espalda para aliviarle el dolor que sentía, se produjo un paro respiratorio. De inmediato, el médico procedió a atenderla, se reunió la Comunidad y entró el Padre y comenzó la Recomendación del Alma de acuerdo con la Liturgia de la Iglesia. El dolor de todos era palpable. Mientras el sacerdote decía: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, la Madre Lucía expiró y al instante brotaron de las comisuras de sus labios dos hilos de sangre. Eran las 4:25 de la tarde.
Una vida de entrega incondicional se cerró en su aspecto temporal y se abrió a la luz de lo eterno. El amor y servicio a Dios, a la iglesia y a todos los seres humanos que en este mundo ofrendó Mireya Asunta Escalante Innecco, en la vida religiosa Madre Lucía del Niño Jesús y de la Santa Faz, será para siempre la nota distintiva de su personalidad ante la misericordia y la majestad de Dios.